SER MUJER IMPLICAÉ
HACER DE SU SER, UN TEMPLO
Nos cuentan los textos antiguos que el ser humano, cuando enfermaba, acud’a al templo y all’ recuperaba su equilibrioÉ
ÀY cu‡l es la caracter’stica de cualquier templo?
Es aquel lugar donde el ser acude para unirse, para comunicarse, para contactar
con lo Divino.
De
igual forma, entonces, nuestro cuerpo es el lugar donde podemos acudir para
contactar con lo Divino, porque las dos cosas son iguales.
Hacer de nuestro ser un templo es reconocerse parte de esa Divinidad, saber que no somos entes aislados sino una m’nima expresi—n de una inmensidad, un instante de la Fuerza Creadora. Y si somos una emanaci—n de la Divinidad, evidentemente somos un proyecto de perfecci—n.
As’, con esta consciencia, ya no estaremos preocupadas por ser gordas, flacas, altas, bajitas, rubias o morenas, sino que aceptaremos nuestras caracter’sticas porque son las mejores que podemos tener para hacer lo que tenemos que hacer. Y cuidaremos este templo que es nuestro cuerpo, que es el veh’culo que poseemos para realizar nuestra funci—n.
La consciencia de ser templo vivo nos hace recuperar la dignidad y el respeto debido por nosotras mismas. Porque somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n.
El templo, como idea genŽrica, es un lugar ÒsagradoÓ, y como sagrado, se corresponde a la esencia de lo sagrado que es la sangre, que es el soplo o el aliento vital que nuestro cuerpo dispone. La sangre es el elemento representativo de nuestra vida, en la medida en que ella est‡ y se mueve y actœa. Es lo m‡s material. Lo sagrado est‡ ligado con la sangre como representante de la vitalidad y de la vida. Y lo femenino est‡ ligado con la sangre porque es de naturaleza Yin, igual que Žsta. As’ pues, somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n, sagrado.
TambiŽn se acude tambiŽn al templo a ORAR, en cualquier templo. Ya hemos hablado en otras ocasiones de que toda mujer, por el hecho de serlo, es creyente, y tiene en la oraci—n una herramienta, un recurso que ha utilizado a lo largo de la historia para sobrevivir, para poder continuar a pesar de todo. Y ahora, en este mundo actual, necesitamos perentoriamente entrar en oraci—n para no perdernos en el marasmo materialista y sin sentido en el que nuestra cultura trata de envolvernos. Necesitamos de los instantes orantes para recuperar nuestra identidad.
Somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n, sagrado y orante.
TambiŽn se acude al templo para la bœsqueda del perd—n. Y esto es particularmente importante para nosotras, fŽminas, porque estamos cargadas de sentimientos de culpa, que son un freno para nuestra libre expansi—n y desarrollo
Somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n, sagrado, orante y sin culpa.
TambiŽn se acude al templo para pedir ayuda, fuerza para poder continuar, para poder cambiar, para poder transformarse. Va a pedir ayuda, es un lugar de ayuda. Se acude tambiŽn al templo -que es un centro- para hacerse preguntas, a preguntarse: Àpor quŽ esto; por quŽ la violencia; por quŽ... por quŽ estoy enfermaÉ porque dentro de nosotras est‡n esas fuerzas y esas respuestas. Porque nuestro entorno nos da respuestas condicionadas, para que sigamos siendo lo que quieren que seamos, no ese proyecto divino.
Somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n, sagrado, orante y sin culpa, que evoluciona.
Acude igualmente al templo para buscar una nueva visi—n de la realidad que le permita poder seguir viviendo. Una nueva visi—n de la existencia. SintiŽndonos templo podremos empezar a concebir la vida de otra manera, a vivirla bajo otros principios, ya principios de lo Divino. Es el momento del Žxtasis; es el momento de la visi—n de las cosas bajo otra perspectiva, que ya nos va a acompa–ar en nuestro hacer cotidiano.
Somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n, sagrado, orante y sin culpa, que evoluciona y vive bajo el sentido de Lo Divino.
En definitiva, lo que hace el ser cuando se descubre como templo,
es un viaje a travŽs de su propia existencia para alcanzar un estado de
equilibrio, de armon’a y de fusi—n con la totalidad. De esta forma, el viaje a travŽs del templo se convierte en
un proceso
de sanaci—n.
Somos una emanaci—n de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfecci—n, sagrado, orante y sin culpa, que evoluciona, vive bajo el sentido de Lo Divino, y ha sanado.