Ser mujer implicaÉ
Estar permanentemente enamorada.

Estar continuamente en los brazos del amor, un amor que va desde lo muy concreto, hacia su cuerpo, hacia su hijo, hacia el amante, hacia la madre, hacia el trabajo, hacia lo que sea, pero estar permanentemente enamorada, es una implicaci—n de ser mujer.
La pregunta que nos surge es: ÀC—mo ser mujer y permanecer enamorada sin que los aguijones del entorno nos desinflen el globo del amor?
Porque, sin desear expresarnos con un ‡nimo desolador o cr’tico, no ha sido nuestro entorno social, familiar, econ—mico y laboral la matriz c‡lida en la que hayamos podido desarrollar la expresi—n de nuestro amor.
Expresi—n, que tiene infinitud de formas y matices segœn el lugar de procedencia de cada mujer y por supuesto de su edad. No expresa igual su amor una mujer de Jap—n que una mujer de Repœblica Dominica; ni tampoco lo expresa del mismo modo una mujer de veinte a–os que una mujer de cincuenta.
Que el amor es una implicaci—n del Òser mujerÓ no merece justificaci—n. S—lo basta con mirar a nuestro alrededor: amigas, madres, hermanas, compa–eras o leer biograf’as de mujeres, y podremos constatar como sus vidas giraron en torno al amor.
S’ merece una reflexi—n, m‡s bien, el hecho de que a lo largo de su vida la mujer se ha ido ÒdesencantandoÓ del amor. Quiz‡s porque el Òmodelo del amorÓ que le impusieron -como dir’a la copla- Òni era amor ni era n‡Ó y, le metieron p‡jaros en la cabeza que tarde o temprano se fueron volando; o quiz‡s, debido a la carencia de su propia identidad -manipulada hasta la saciedad- no ha tenido la fortaleza para preservarlo, custodiarlo y amplificarlo.
De ah’ la pregunta que nos plante‡bamos al inicio.
ÀC—mo mantenerse permanentemente enamorada de tu cuerpo si te dicen que a partir de una edad perdi— su encanto? Amor caduco
ÀC—mo mantenerse permanentemente enamorada del hijo, si el amor de madre tal y como nos lo ense–aron se convierte tarde o temprano en fuente de sufrimiento? Amor caduco.
ÀC—mo mantenerse permanentemente enamorada del amante si nos aseguraron que era Òpara siempreÓ y cuando comprobamos que el hombre tiene un concepto diferente del ÒsiempreÓ nos sentimos los seres m‡s desdichados del mundo? Amor caduco.
ÀC—mo mantenerse permanentemente enamorada de la madre si por la complicidad que las madres buscan con el marido y los hijos varones, (en defensa del modelo patriarcal) nos sitœa muchas veces en una posici—n de rivalidad con ella? Amor caduco.
ÀC—mo mantenerse permanentemente enamorada del trabajo si Žste, lejos de desarrollarnos en nuestra vocaci—n, nos esclaviza aœn m‡s y hace que nos sintamos impotentes ante tantas ocupaciones? Amor caduco.
ÀC—mo mantenerse permanentemente enamorada Òde lo que seaÓ si Òel seaÓ para la mujer s—lo ha sido Òas’ seaÓ? AmŽn. Amor caduco.
Cierto es que todos estos amores que hemos enunciado se van a dar en la vida de cualquier mujer, pero es necesario, como si de un tesoro se tratara, ponerlo a buen recaudo, para que no corra el riesgo de ser el tetra brik -con fecha de caducidad y no retornable- del que todos beben y que termina en la basura.
La Creaci—n nos otorg— como naturaleza propia el Amor, no nos toc— en ninguna t—mbola. Gracias a ese sentido del amor, la especie sobrevivi— en sus inicios por al af‡n de las abuelas recolectoras; gracias a ese amor los hijos han sido amamantados; gracias a Žl, las mujeres han sacado adelante pueblos diezmados por el hambre y la guerra; gracias al amor de las mujeres, las comunidades han sido atendidas por curanderas, brujas, chamanas y enfermeras; gracias al amor de las mujeres, los ni–os han sido educados; la inspiraci—n de pintores, mœsicos, poetas, encontr— en el amor de las mujeres la fuente de su creaci—n. No seguimos enumerando m‡s, porque se nos acaba este espacio.
Seamos exigentes con nuestro amor, seamos rigurosas; no confundamos amor con chantaje; no creamos que protecci—n es amor; que ningœn condicionante de cualquier tipo nos haga imaginar que un cortejo es amor eterno; no creamos en espejismosÉ esos que te hacen creer que barrotes son rosas; que nadie manipule el tim—n de nuestro navegar por las infinitos ocŽanos del amor, porque no son aguas embasadas con fecha de caducidad.