"INSPIRACIONES FEMENINAS EN EL GENOMA. A PROPÓSITO DE LAS POSIBILIDADES DEL GENOMA HUMANO V- EL ORGASMO MANTENIDO
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Hoy, siguiendo con el lema del verano, «Inspiraciones Femeninas en el genoma. A propósito de las posibilidades del genoma humano», nos inspiramos en: Esa red que no podemos ver, que une y vincula todas las cosas sutilmente, es el Amor. Todo está sostenido y mantenido por esa trama invisible. En nuestro código genético, en lo más profundo de nuestra intimidad, existe esa Fuerza de cohesión, esa fuerza de atracción, esa fuerza apasionada que es, nada más y nada menos que, el AMOR. Y, en un momento determinado, ese código se configura de tal manera que deja ver el «rostro» de Dios, que estaba ahí -decimos, «rostro», por darle sentido, porque ahí están los sentidos- y es de lo que nos enamoramos. Aunque el diseño global es la pareja humana, la Creación siempre contempla la excepcionalidad, y existen las personas «solas» o «solos» que pueden decir: «No, a mí la pareja… me fatiga mucho, me cansa». «Estoy enamorada, de verdad. Aunque suene mal decirlo, estoy enamorada de la Creación, del Universo». «Hay tantas cosas en esta vida que me parecen fantásticas, que las veo, y lo que hago es ver a Dios en la Creación: en el río, en el agua, en el bosque… Como hacían los animistas». La común-unión es establecer un vínculo con los demás seres y con la Fuerza que hace posible el ritmo de la existencia. Y esa posibilidad de común-unión sólo se consuma a través de la experiencia de Amor. Tal y como interpretamos el hexagrama, sentimos que el primer vínculo que tenemos que re-establecer es con la Fuerza Creadora, con el Espíritu, a través de asumir la propia espiritualidad. Ésa es la comunión -común-unión- de los Amantes, que nos lleva a ser fecundados por esa Fuerza de Amor. Es por ello que el hexagrama tiene mucho de femenino, expresa la esencia femenina de la humanidad -los hombres también pueden ser fecundados-. Da igual la edad que tengamos, la inmensa mayoría de los seres de este mundo somos inacabados. Estamos aquí en un proceso dinámico de formación, que sólo depende de nosotros en la disposición que tengamos para «dejarnos modelar». Y esto se puede dar si, y sólo si, nos hacemos sensibles a la presencia de la Fuerza de Creación, que nos corteja, nos persigue, y nos seduce con fidelidad buscando fecundarnos. El permitir que la Fuerza Creadora nos fecunde es abrir la puerta al orgasmo. Sí, el orgasmo -divertido, agradable y trascendente- es como una puerta. Una puerta que nos conduce a otras dimensiones, a otras consciencias. Una puerta que, en el ámbito de la pareja humana, es custodiada naturalmente por lo femenino. Y conduce a que el ser se sienta fundido con el Todo, entrando en la vivencia de la comunión. Como no se suele estar preparado espiritualmente para vivir de forma permanente esta experiencia de fusión con la totalidad, lo habitual es que, en determinadas circunstancias, la puerta se abra por instantes. Instantes de una expansión luminosa y emotiva; instantes maravillosos… Cuando se cruza el umbral, y esa experiencia de fusión se mantiene en el tiempo es El Orgasmo Mantenido. No hay un orgasmo que sea mejor que otro. Sólo existe lo adecuado para la evolución de cada quien. Lo que sí es una característica presente en ambos tipos de orgasmos es la pulcritud: «hacer» con la alerta de que no hay un fin. No hay un guión que seguir. Hay un sin-tiempo, un sin-objetivos en esa vivencia, y esto es lo que permite que se entre en esa otra dimensión. Esta actitud sólo puede estar sustentada por una lucidez amorosa, que embriaga los sentidos y los hace abrirse a otras sensaciones y a otras visiones extra-ordinarias. El orgasmo no está ligado a la genitalidad. La genitalidad es un aspecto, que puede estar presente o no. Muchas veces sólo basta una mirada, un roce, un deseo, una intención, una respiración. Otras tantas, con sólo realizar una actividad que nos hace disfrutar, que nos atrapa, que amamos, entramos en la consciencia de… estar habitando en las mansiones de Dios. ¡Bienvenidos a las mansiones de Dios!
«Amantes: manantiales de orgasmos…»
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