CELOS-I |
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Les vamos a hablar de un tema que podríamos llamar conflictivo, muy antiguo, que probablemente fue el primer sentimiento que surgió en la humanidad: los Celos. Es un aspecto de nuestras emociones y sentires que, lamentablemente, no hemos sabido superar, que se repite cotidianamente, y es muy vulgar, muy corriente. Se dan, no solamente en las relaciones con la pareja, sino también en las relaciones con los amigos, los hijos, entre mujeres, entre los vecinos… Muchas veces se producen entre madres y nueras, entre hermanos, entre primos, entre los estudiantes de la misma clase. En esta primera entrega de los CELOS, veremos aspectos genéricos que creemos conveniente recordar y reconocer en cada uno de nosotros. Y en la segunda y tercera entrega, terminaremos de revisar algunas de las causas y daremos algunos tratamientos. Pero creemos que merece la pena darle un espacio de tres artículos, ya que el tema es extenso y nos afecta a todos. Etimológicamente viene del latin «celus» que significa ardor, emulación, y a su vez, del griego, que significa hervir. La psicología nos dice que los celos están catalogados como tres tipos diferentes de conducta: pueden ser una emoción, un sentimiento o una pasión: Las conductas que ocasionan los celos, aunque frecuentes, son muy patológicas. La agresión física se produce en casos extremos, pero el maltrato psíquico producido por los celos es terrible. Se da tanto en varones como en mujeres, con diferencias, porque quizás el maltrato del varón es más insoportable que el de la mujer, pero el de ésta es más persistente, más incisivo, más obsesivo y recalcitrante. Revisar los objetos personales de la pareja en busca de algo sospechoso, vigilar constantemente, no permitir que tenga amistades o que salga, acusar de infidelidad ante la mínima relación con el otro sexo, prohibir determinadas prendas de vestir o cambios en el peinado o el maquillaje y sospechar constantemente que puede estar con un amante cuando se retrasa dos minutos, son conductas muy frecuentes y entorpecen marcadamente una armoniosa convivencia. Y ese celo, que definíamos como cuidar con esmero, poner interés en mantener las cosas y en cuidarlas, se va convirtiendo en una posesión obsesiva, manipuladora, que desgasta a ambas personas, y es causa de sufrimiento. Creemos que forma parte de este juego que nos hemos inventado y al que llamamos «amor». Incluso a muchas personas les gusta que su pareja tenga algo de celos. Se dice: «si no tienes celos, es que no me amas», «es buena señal que tenga celos, es señal de que le gustas, de que «te quiere bien….»… es una forma de incitar al otro a tener más celos. Y cuántas veces no se usan los celos para atraer: «como no se decide, voy a darle celos con otro, a ver si así pone más interés». Los celos son un chantaje que habitualmente se produce en las relaciones como parte del manejo que hacemos de ese sentir que llamamos amor, pero no tienen que ver con el amor, tienen que ver con establecer unos parámetros racionales tal como nosotros queremos que sean. Hay otro tipo de celos que también consideramos que son muy importantes: cuando uno está celoso de las actividades de su pareja, de sus amigos… en realidad, está celoso de sus ideales, o del celo que los otros ponen en sus cosas. Permanentemente hay un reclamo: «¿por qué dedicas tanto tiempo a eso y tan poco a mí?». Ese reclamo permanente que va deteriorando… y finalmente, en ocasiones, lleva a la otra persona a empezar a mentir, para poder hacer lo que quiere. Y el celoso se convierte en un vigilante y en un carcelero. Este tipo de comparaciones son siempre absurdas, porque cada ser tiene afectos o amores que están en esferas diferentes. Es como cuando la mujer le dice al varón: «¡Deja ya de leer el periódico! ¿Es que es más importante que yo?». No, ni más ni menos importante; son distintas facetas de los amores, del desarrollo en el amor, que no se pueden ir coartando para dedicarse exclusivamente a la pareja o a la madre o a la hija… Otro tipo de celos frecuentes son los que sufre el padre cuando nace un niño… Claro, la madre tiene un nuevo amante: el bebé. Es preciso que la madre se enamore del bebé, y eso la llena tanto que el padre pasa a un segundo plano, y a veces, se siente desplazado, relegado… incluso en ocasiones quiere participar de… -pero no lo hace bien- o le impide a la madre que vaya a atender al niño cuando el niño lo necesita… El varón tiene que aprender a estar en su sitio y esperar, porque ese nuevo amor no le va a quitar nada al suyo.
Causas LA EDUCACIÓN. Los niños son celosos desde pequeños. Hay casos de niños que se enferman cuando nace su hermanito, cambian su carácter y sus relaciones con los padres cuando aparece otro ser en la familia. Todo eso, creemos que es aprendido, porque el niño nace virgen, es un diamante en bruto. Pero si el niño ve que los padres tienen celos y envidia de los vecinos, amigos, hermanos, etc., pues aprende a querer lo que tienen otros. La felicidad y el bienestar de los demás no son motivo de regocijo sino que, al contrario, le generan envidia y celos. Poco a poco va aprendiendo, de su entorno inmediato, la manipulación a través de las emociones. La baja auto estima. Desde pequeños nos enseñan a compararnos con otros, casi siempre a la baja. Puede que sirva como mecanismo de superación, pero el resultado de esto es que siempre nos va faltar algo, siempre hay alguien mejor en algún aspecto. Nos enseñan a no valorar nuestras virtudes y por tanto a tener una baja autoestima. Este mecanismo puede que sea el desencadenante de los celos hacia aquellos que tienen lo que a nosotros nos falta. Y esto nos sucede a todos, varones y mujeres, pero quizá mucho más a la mujer. Este mecanismo nos hace pensar que el ser que amamos se puede ir con otro -mejor que nosotros- en cualquier momento. Esto genera inseguridad, demandas permanentes de cariño, de muestras de afecto, y se exige de los otros más atención para sentirnos seguros y valiosos. Nos sentimos valiosos cuando otro nos ama. Pero si el otro ama a otros nos sentimos desplazados y acechamos con los celos. Hasta aquí hemos llegado en esta primera entrega de los celos. Continuaremos…
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