LAS ENFERMEDADES DE LA MUJER-V

 
 

 

Hoy nos inspiramos en… «Las enfermedades de la mujer».
Ésta es la quinta y culminante entrega de la ponencia que el grupo de la Escuela Neijing, Inspiración Femenina, presentó en XI Congreso Internacional de la Asociación Hispanoamericana de Acupuntura, Beijing 84, llevado a cabo en Cartagena de Indias, Colombia, en octubre de 2006. Les habíamos anticipado en el artículo anterior que resumiríamos nuestras propuestas sanadoras; sin embargo, creemos conveniente desarrollar aquéllas que no están publicadas en nuestros libros, como por ejemplo:
Más allá de la pobreza de las estadísticas: la pobreza del varón y la pobreza de la mujer.
¿En qué se diferencian ambas pobrezas?

La pobreza del varón es la que le ha llevado a hacer la guerra a la mujer y luego, extenderla a todo el planeta. La pobreza del hombre está sustentada en:
-La envidia que le tiene a la mujer.
-En su necesidad de tener poder.
-En la coraza que tiene en su corazón que no le permite vivir el Amor.

La pobreza de la mujer, que conocemos a nivel material, está más que ratificada por las estadísticas y las evidencias. Pero la mujer sufre de una pobreza más profunda que va más allá de lo material y que podemos decir que está conformada por tres pilares fundamentales:
1- La culpa
2- El miedo
3- Haber perdido su propio lenguaje –y por tanto su identidad-.

1- La culpa : Hay que reconocer que la civilización triunfante es la civilización judeo-cristiana, desde que le especie se reconoce como especie. Esa civilización parte del modelo de que la mujer, o el  sexo femenino, es peligroso, maligno, ligado con las tentaciones del demonio y causante del pecado. ESO ESTÁ METIDO EN EL ADN.

Un ser que ha estado sometido a una represión pasiva, activa, semi-pasiva, semiactiva y que ante todo es culpable, para salir de ese yugo va a emplear atributos masculinos, que son los que tiene como modelo dominante. Y, entonces, ¿qué es lo que ocurre? Ocurre una cosa muy simple: hay unos criterios morales y éticos instaurados por el hombre; cuando la mujer quiere salirse de esa opresión, y se sale de la norma ya es culpable. Con lo cual, la solución la tiene muy difícil, porque como no hay leyes, no hay ornamentos legales, morales, éticos, estéticos que estén diseñados por mentalidades femeninas, con cualquier intento de salida, la mujer va a ser culpable. Así que se la juzga como se lo juzgaría a un varón, la diferencia es que por ser una mujer se la juzga con más rigor.

Propuestas
-La posibilidad que tiene la mujer para salir de su pobreza es: ser clara, sincera, expresar lo que siente sin tapujos y en el momento justo. Vivir, digamos, al margen de la ley, sin estar en su contra, y tener mucha paciencia, pues, pasarán muchos años para que cambien las cosas.
A ella siempre le tocará demostrar que no es culpable.
Al hombre se le presupone la inocencia y hay que demostrar que es culpable.
En el caso de la mujer la ley diría: de entrada es usted culpable, ahora, demuestre que es inocente.
La mujer recurre muchas veces al engaño, a la trampa, a la mentira como una estrategia de supervivencia para tener una calidad de vida mejor, para obtener algo; está educada así. Por eso, su posibilidad de salir de la pobreza está en la sinceridad, en plantear su posición tranquilamente, con inteligencia. Es fundamental, además, que la mujer, antes de relacionarse con una posible pareja, tenga un cierto grado de abstinencia y de reconocimiento del terreno, para saber dónde se va a meter. Sabiendo que estamos en una guerra en la que, de forma interna, la mujer es: la enemiga, la que traiciona, la culpable, la que engaña. Ése es el presupuesto.

-En cuanto al hombre -que tenga vocación sanadora, por supuesto-, ha de tener mucho cuidado en cada detalle y palabra. No para igualar los sexos, sino para hacer que las cosas se flexibilicen de manera que, cada uno cumpla con su rol, sin el miedo de que le estigmaticen, lo persigan o lo culpabilicen. La excepcionalidad del varón le tiene que llevar a no permitirse crear desengaños. Estamos en guerra, un desengaño puede ser la mayor catástrofe de una existencia y de una vida... puede llegar hasta la médula de los huesos y convertir a alguien en un leucémico irrecuperable.

 

2- EL MIEDO:
El miedo es el elemento fundamental de la nueva esclavitud que domina nuestro estilo de vida.
El único depredador del hombre es otro hombre, porque ejerce fuera de su espacio vital y usurpa el espacio vital de los otros, y en esa medida gesta violencia y genera miedo. En nuestra cultura quien tiene más miedo es la mujer, ésa es una de sus más profundas pobrezas. Por su condición de inferior, por su condición de esclava, porque sus potencialidades han sido invalidadas y porque se le ha educado en la cultura del miedo. Las tres reacciones típicas del miedo son:
-Quietud, ya que el miedo paraliza.
-Tempestad de movimientos.
-Violencia.
Son reacciones que se generan a partir de haber perdido la respuesta natural y biológica de alarma y alerta. El miedo, por tanto, no es una reacción natural, se nos enseña, se nos induce. Se educa al niño para que aprenda a hacer las cosas a través del miedo y no de la obediencia. Se enseña y educa a través del castigo, que generalmente genera dolor, y así aprendemos a tener miedo a todo. Se nos gobierna con la táctica del miedo, que más que un mecanismo adaptativo, es un mecanismo de control y manipulación.

En resumen:
-El miedo no es una actitud natural en el ser humano.
-Se educa al niño y a la niña para que tengan miedo.
-El miedo genera violencia.
-Se utiliza el miedo como mecanismo de gobierno y de control.
-Finalmente, tenemos miedo hasta de nosotros mismos.

Entonces para salir del miedo, en principio, podríamos decir que:
-Por una parte, hay que interesarse por ir disolviendo los miedos habituales, los más corrientes, los más pequeños.
-Por otra parte, ir poco a poco recuperando el sentido de la alerta y de la alarma como un mecanismo natural.
-El siguiente paso sería, en la comunicación, comunicarnos mutuamente que no nos tenemos miedo.

¿Pero, por qué el ser es miedoso? Porque no se ha comprometido con sus ideales y no ha dado realización a su proyecto vital. El ser que se realiza en su hacer, delimita con firmeza su espacio vital y por tanto nadie puede invadirlo. Eso significa que va desapareciendo el miedo.

 

Podemos decir que hay diferentes tipos de miedo:
-El miedo religioso: genera culpables. Para diluirlo, hay que tener en cuenta que ante la bondad de la Creación no es posible el miedo. Y sustituir el miedo por el respeto.
-El miedo social: genera violencia soterrada. Para diluirlo, aplicamos la adaptación.
-El miedo propio: genera enfermedades auto-agresivas, alérgicas y dermatológicas. Para diluirlo, emprendemos nuestro proyecto vital.
-El miedo externo: genera enfermedades como estrés y accidentes. Para diluirlo, incorporamos actividades que expandan la acción del Sistema Nervioso Parasimpático, como por ejemplo: meditación, oración, Qi Gong y todo tipo de actividad artística.
PROPUESTA ante un miedo paralizante a la pareja:

LA OBEDIENCIA COMPLACIENTE COMO MECANISMO INTELIGENTE ADAPTATIVO
La mujer debe hacer frente al miedo con especial esmero, porque el miedo es un mecanismo que paraliza e impide la evolución. Éste es el caso de aquellas mujeres que conviven con alguien a quien aman pero que les genera un miedo paralizante. A su vez, no consideran que tengan que separarse porque se sienten unidas a ese ser.
Si establecen un enfrentamiento, la convivencia se convertirá en una guerra que destruirá a la pareja. Por eso, ante una situación de imposición y mando del varón, para ir disolviendo poco a poco el miedo, primero hay que obedecer, ése es el primer paso.
Después de la obediencia, viene la preparación y la reflexión. Mientras obedezco, me preparo, me cultivo, reflexiono, desarrollo argumentos. En suma, sustento lo que siento y lo que creo para poder llegar a un diálogo viable con la pareja.
En esta medida la mujer va dándose cuenta y determinando, si hay   que obedecer a todo lo que le diga ese señor o no. Y cuando haya cosas que no deba obedecer, estará en condiciones de plantear argumentos: »No te puedo obedecer en eso, no, porque va en contra de mis principios».

Es ahí que viene el diálogo; ésa sería la siguiente fase. Primero, la obediencia; luego, el diálogo. Porque después de la obediencia, puede haber diálogo. Para dialogar, la mujer, debe prepararse y formarse.  Aquí es donde hay que hacer el mayor hincapié: LA MUJER TIENE QUE PREPARARSE, TIENE QUE SABER, TIENE QUE ESTAR DEBIDAMENTE FORMADA. NO SE PUEDE APEAR DE CÓMO VA EL MUNDO. Ése es el principal argumento para que la fémina pueda obedecer, pueda dialogar, pueda desarrollar su tarea. Y así EL MIEDO SE APARTA.
En la medida en que la fémina pierde el miedo, también dejan de tenerle miedo. Porque claro, también los hombres, a veces, tienen miedo a las mujeres. Muchas veces. Y muchas veces, por miedo se miente y se engaña.
Ésta puede ser una buena táctica, por lo menos para ir alejando poco a poco a ese impostor, el miedo; es decir:
La aceptación u obediencia o adaptación complaciente
Insistimos en que nos estamos refiriendo a una relación -en este caso de hombre-mujer, pero puede ser de otro tipo- en el que se tiene un componente afectivo. Porque el miedo siempre tiene relación con los afectos. El miedo es emocional. Por tanto, con los seres a los que amamos, adoptamos una actitud de aceptación o de adaptación complaciente -en unos casos será aceptación, en otros será obediencia complaciente-. Tenemos tres palabras:
Aceptación... Adaptación y... Obediencia. Las tres COMPLACIENTES.
Si yo adopto esa postura, esa actitud hacia los seres o las ideas o proyectos que amo y con los que tengo una relación, pero que me generan miedo, probablemente, el miedo empiece a diluirse. Y eso me da pie para no mentir -que sería el siguiente aspecto-, no miento, porque lo acepto, y no uso las estrategias habituales de ocultamiento. Empiezo a desarrollarme para ser capaz de entablar un diálogo. Ésa sería la nueva estrategia para salir del miedo.
Y habíamos dicho que la tercera pobreza de la mujer era el haber perdido su lenguaje:

3- DESARROLLAR EL LENGUAJE de la fémina
El varón ha desarrollado un lenguaje de dominio, de violencia, de poder, de miedo… La mujer ha tenido que adaptarse a ese lenguaje, dejando de ejercer su propio lenguaje, que ya ha olvidado.
La especie humanidad está compuesta por varones y hembras. Los varones han establecido, han desarrollado y se han comportado de una determinada forma hasta el día de la fecha, y han impuesto su forma como modelo. El varón ha tenido un comportamiento de conquista, dominio, mando, poder, competitividad, supremacía, golpe, violencia… y sigue igual. Bueno, ha cambiado el mazo por la pistola… ha sofisticado su violencia, pero la base es la misma. Ése ha sido el lenguaje predominante del varón.
La mujer ha aprendido ese lenguaje para poder participar aunque, mínimamente, en el mundo creado por el varón. Pero para desarrollar un proyecto femenino tiene que indagar en su lenguaje comunicativo. No es natural de la mujer el lenguaje violento.
Debe desarrollar el lenguaje metafórico, el lenguaje poético, un lenguaje que le permita «artistizar» su existencia, de acuerdo a su propia sensibilidad. En la medida en que siga replicando en el lenguaje del varón sólo será capaz de idear y crear de forma masculina, de modo que no podrá constituir una esperanza de cambio.

Siguiendo con ese femenino que tiene que adaptarse para sobrevivir y desarrollar su identidad, lo siguiente es:
TENER UN IDEAL y UN PROYECTO
Mientras me adapto a este estilo de vida en guerra, y me doy cuenta de cómo es, cómo piensa el varón, a la vez, voy estudiando, trabajando, preparándome, voy desarrollando poco a poco mis propias convicciones. Para desarrollar mis convicciones, como femenino, necesito:
-UN IDEAL
-UN PROYECTO
Si no, no puedo hacer nada. Si tengo un ideal y un proyecto, las cosas cambian. Nuestro proyecto, es un proyecto de belleza, de estética, de virtud, de ética. No debemos renunciar a él por complacer al varón.
¿En qué medida la especie femenina va a modificar su comportamiento, su actitud, sin enfrentarse al varón? ¿Cómo va a vivir ese proceso hoy decadente que vive el planeta? Si la mujer no se identifica en su femenino, ¡el varón la puede arrastrar hacia su deterioro!, y si la arrastra, veremos pasar a la humanidad hacia la inevitable extinción.
Los varones, parece ser que, de momento, no muestran signos de cambio. En consecuencia, al no tener capacidad de adaptación, de cambio, al permanecer inalterable, todas las cosas que «aparentemente» ha ido creando ese masculino, se han ido deteriorando, destruyendo -como lo vemos día a día-. Por esta razón es urgente que la mujer, desarrolle su identidad con un lenguaje diferente al de la violencia y la guerra, que ha llevado a la destrucción.
Para ello debe rescatar:
-El sentido de grupo, el sentir común y no el individualista, egoísta y de propiedad privada.
-Debe organizarse con otras mujeres y en comunidad para buscarse la vida. Lo sabe hacer porque ha vivido en condiciones extremas y ha sobrevivido.
-Reconocer su condición de esclava para que nazca en ella la semilla de la liberación.
-Aprender de los errores anteriores.
Y, sin duda, todo proceso liberador requiere que el ser se dé cuenta de algunas otras cosas, como por ejemplo:

Descubrir el modelo de inteligencia femenino
La mujer siempre se ha guiado por los modelos inteligentes masculinos y ha considerado que ése es el modelo de la especie. Y no, no. El modelo inteligente masculino es el modelo inteligente masculino, nada más. Y, por ello, no puede comunicarse con el modelo inteligente femenino, porque son modelos de inteligencia diferentes. La mujer no ha sido capaz de generar su propio modelo de inteligencia, y lo único que ha hecho, es comunicarse dentro del modelo de inteligencia masculino. Es como dejar de hablar el idioma materno y hablar otros idiomas, pero negarse a hablar el idioma que mejor expresa lo que es lo femenino.
Hacemos hincapié en el desarrollo del modelo de inteligencia femenino, porque vemos que el modelo que hoy rige los destinos de la humanidad no muestra -de momento- signos de cambio. Sólo hay que dar un paseo por la pasarela del mundo y ver a católicos, judíos, comunistas, etc. y concluir que los grandes movimientos que han dirigido la humanidad, unos se han extinguido y otros están en vías de extinción. En consecuencia, ese modelo masculino, al no tener capacidad de adaptación, de cambio, al permanecer inalterable, todas las cosas que «aparentemente» ha ido creando, se han ido destruyendo, como lo vemos día a día. Por esta razón es urgente que la mujer desarrolle su identidad, su modelo de inteligencia.
El modelo de inteligencia masculino, probablemente, no sea realmente inteligente. Sea sólo un modelo reproductor, un modelo de sub-sistencia, no de super-vivencia. La super-vivencia está por encima de la vida... La sub-sistencia, por debajo de la existencia.
El modelo masculino es un modelo determinista, limitante, limitador. En consecuencia, no se puede tachar -el modelo de inteligencia masculino- como un modelo de verdadera inteligencia, lo cual, consideramos que ha quedado demostrado en las estadísticas que hemos presentado. Es un modelo de comportamiento, pero carece de los signos propios de inteligencia, como son la supervivencia, como son la permanencia, como son la constancia evolutiva y cambiante, como son la creación de nuevos prototipos inteligentes... Ésos son modelos de inteligencia. Y esos modelos los lleva impresos la inteligencia femenina.
«¿He creído oír que el hombre no es inteligente, que la inteligente es la mujer...?», puede decir alguien indignado. No, no, no, no hemos dicho exactamente eso. Simplemente, hemos dicho que el modelo de pensamiento masculino es un modelo de comportamiento, un modelo de subsistencia, un modelo de imposición, de combate, un modelo temporal y que las evidencias nos muestran que nos lleva a un inexorable deterioro.
El modelo de pensamiento femenino, en cambio, es un modelo inteligente, porque busca lo intemporal, lo permanente, lo cambiante, nuevos modelos de inteligencia.
Haría bien el hombre en, al menos, pensar que algunas mujeres son inteligentes. Y en la medida en que escuchara y contemplara el modelo femenino, confirmaría que él no tiene un modelo de pensamiento inteligente, sino un simple modelo reproductor, de subsistencia, de consumo, temporal, limitante y limitador, esclavista y violento. Ése es el modelo de pensamiento masculino. No es inteligente. Va camino de destruir su propia especie. Eso no es un signo de inteligencia, es un signo de falta de inteligencia.

El paso culminante, y urgente de dar hacia esa identidad femenina es
Asumir el vínculo liberador de la Fuerza a través de la oración:
Recuperar la complicidad con la Creación.
La mujer tiene miedo al varón y tiene miedo a Dios, porque han representado lo mismo para ella, pues sustituyó a Dios por el varón. Por eso, cuando ella se queda sola, siente que le falta el apoyo de Dios, del varón, se siente una mujer fracasada. Sin embargo, la mujer, dentro de los sexos, es la única que se identifica por sí misma. Y es gracias a que ella tiene el recuerdo de la Divinidad. No necesita al varón como referencia, mientras que él sí necesita a la fémina para identificarse. Si la mujer hubiera seguido siendo contemplativa y viviendo las experiencias divinas, no necesitaría de nadie. Ahora, al perder su identidad, necesita poner un Dios en su vida y, ese Dios es el varón. Y por eso ella desea tanto tener un hombre en casa. Y ya le da igual el tipo de hombre que sea. Esto es debido a su falta de identidad. En la medida en que un ser vivo se identifica y sabe que tiene recursos para subsistir, para mantenerse, para proyectarse, para evolucionar, no necesita de nadie. Si está, bien, y si no, también. Tiene recursos por él mismo.
Por eso es importante que, en ese proceso de identificación de lo femenino, la mujer incorpore la necesidad de acercarse a esa Fuerza Creadora y deje el temor a la soledad. Se reencuentre con su posición de religiosidad a través del Amor, reconociendo que la soledad es lo más cercano al vacío, el vacío es lo más cercano a la vacuidad, la vacuidad es lo más cercano a la Nada y la Nada es lo más cercano a Dios.
Meditando, el ser se desarrolla en su fundamento.
Orando, alcanza su trascendencia.
En esa medida, el ser encuentra el SENTIDO SAGRADO DE SU VIDA.

¿Cuál es el espacio sagrado del ser que la mujer tiene que reencontrar? El espacio sagrado del ser es la situación en la que, haga lo que haga, cuente con esa suerte llamada Dios.
¿Ése es el espacio sagrado? ¿Ésa es la forma de consagrarse? Sí. No hace falta cortarse las venas y pegarlas con las del otro, ni tomar el cáliz de la hierba mate, ni tomar ayahuasca y emborracharse durante una semana.
¿Y cómo puede, en este caso la mujer, cultivar su espiritualidad y su hacer sagrado? La primera cultura espiritual que tiene el Ser es: la dedicación a aquello que siente que debe hacer. Ahí la suerte, Dios, siempre está en su mejor momento. La mujer con hijos por ejemplo, que no piense que la educación de su hijo depende de ella. No, mejor que piense en ella. ¿En qué sentido? En el sentido de que es un ser sagrado y se tiene que consagrar. ¿Y cómo consagrarse? Volvemos de nuevo a recordar la vocación.
La mujer debe reconocer el retraso, la diferencia que aún mantiene con el varón, incluso en los países desarrollados. ¡Imagínense en los no desarrollados!, que son la mayoría: hay una distancia abismal. Su deber, entonces, es reducir los abismos. El estudio es necesario, e incluir en ese movimiento de reducción de los abismos, un sentido espiritual; darle a su formación un sentido afectivo.
La mujer tiene que asumir la oración como una vivencia imprescindible para su desarrollo, que la va a referenciar en esa fuente inagotable de Amor que es la Creación. Una Creación que nos mantiene y entretiene incondicionalmente, y que apuesta, aún apuesta por el hombre. Sólo vibrando en sintonía con la Fuerza, la mujer podrá convertirse, realmente, en una opción de liberación para toda la especie humanidad.

Me salvaguardaste cuando estaba enfermo;
me salvaguardaste cuando estaba débil;
me salvaguardaste cuando estaba confuso;
me salvaguardaste cuando estaba apenado;
me salvaguardaste cuando lloraba.
Y con tantas salvaguardas que me hiciste,
jamás me reprochaste nada.
Tú sí que me amas.