14Diciembre

NO SOY MACHISTA, PERO....

Por José María Caravantes y Matilde Líndez

El papel de la mujer ha cambiado de la noche a la mañana en apenas un siglo. Se han promulgado, en los países “desarrollados”,  leyes de protección a la mujer frente a la violencia que esta sufre, se han promovido cuotas de participación femenina en los diferentes espacios para conseguir una supuesta búsqueda de igualdad frente a los hombres,.... hasta el punto de que hoy en día está socialmente muy mal visto que los hombres sean machistas; 

es decir, que utilicen un discurso discriminatorio con las mujeres, y/o empleen actitudes de violencia psíquica y/o física.

 

verdades de genero

 

¡Pero! quizá debamos fijarnos en algo que ocurre a diario, pasa desapercibido y la mayoría de las veces son actitudes inconscientes, a veces no, donde podemos incluirnos la inmensa mayoría de hombres y mujeres, ya sea ejerciéndolo o sufriéndolo. Un machismo que es de baja intensidad, que no mata y pasa desapercibido, pero que sigue perpetuando comportamientos ancestrales de ejercicio del poder masculino, que atenta de muy diferentes formas, maneras y grados contra la libertad de la mujer.

Estamos hablando de los micromachismos.

Luis Bonino, experto en este tema, establece cuatro grandes grupos:

  1. Micromachismos utilitarios, se efectúan fundamentalmente en el ámbito de las responsabilidades domésticas.
  2. Micromachismos encubiertos, que abusan de la confianza y credibilidad femenina ocultando su objetivo.
  3. Micromachismos de crisis, que fuerzan la permanencia en el statu quo desigualitario.
  4. Micromachismos coercitivos, que sirven para retener poder a través de utilizar la fuerza psicológica o moral masculina.

Nos queremos centrar ahora solo en algunas muestras de esto en el lenguaje cotidiano, que recoge Susana Gisbert Grifo, Fiscal de violencia sobre la mujer en España, de expresiones del día a día -sea entre amigos, en el café, en el trabajo...-, de  varones que quizás no serían considerados por su entorno -ni por sí mismos- como machistas, y desde posiciones aparentemente igualitarias.

Fuente:http://www.tribunafeminista.org/2017/08/no-soy-machista-pero/

 

  • No soy machista, pero me hacen gracia algunos chistes que cuentan.
  • No soy machista, pero me gusta ver las fotos de tías que envían en los grupos de whatsap.
  • No soy machista, pero no veo nada de malo en que las camareras vayan ligeritas de ropa.
  • No soy machista, pero me gusta ver las azafatas en short premiando a los deportistas.
  • No soy machista, pero reconozco que hay mujeres que van provocando.
  • No soy machista, pero pienso que exageran con eso de las canciones.
  • No soy machista, pero reconozco que mi mujer lleva la casa como nadie.
  • No soy machista, pero no me gusta que los niños jueguen a cosas de niñas.
  • No soy machista, pero creo que las mujeres crían mejor a los niños.
  • No soy machista, pero el lenguaje inclusivo me parece una sandez.
  • No soy machista, pero empleo el término “nenaza” como un insulto. 

 

micromachismo

 

Reconociendo los pequeños avances que se van produciendo en esa búsqueda de una identidad femenina propia, que facilite el desarrollo auténtico de las mujeres, no como hasta ahora mediatizado por patrones culturales impuestos y determinados por valores masculinos, que impiden todo ese proceso; parece imprescindible una participación a nivel individual, tanto de hombres como de mujeres. Y ahí la mujer también debe asumir su responsabilidad, primero tomando conciencia de que ese hecho -los micromachismos- están ahí en el día a día, pero además de ello y en segundo lugar, no participando ni fomentándolos ejerciendo su poder a través de la seducción, cayendo en la trampa de los posibles "beneficios" que pueda obtener.

Ciertamente no es un camino fácil, porque son siglos y siglos dejándonos llevar de la costumbre, de lo instituido; y necesitamos desarrollar nuestra capacidad de plantear nuevas formas de relación entre nosotros, que no caigan en el engaño, ni caigan en el combate de un sexo con el otro - ese camino ya lo hemos recorrido y no parece que vaya bien ni a unas ni a otros-, pero sí creemos que debemos generar otras posiciones, otros comportamientos, que no caigan de nuevo en el ejercicio del poder, ¡si ya hemos comprobado el fracaso que supone!, que nos lancen a otro tipo de convivencia, una convivencia liberadora para los dos sexos, capaz de crear espacios de ternura, no de control; de creatividad y no de repeticiones permanentes -y aquí nos vienen a la memoria las estructuras disipativas de las que habla la ciencia, aquellas que ya han cumplido su misión, ya no son necesarias, porque ya no son viables, y requieren una nueva disposición-. Quizá ya estamos en ese punto.

Y juntos, reinventar una nueva forma de convivencia liberadora, que no atrape, que no posea, que no domine. Si somos creados de nuevo cada día por la Creación, podemos ir diluyendo todos esos mecanismos, conscientes o inconscientes, para facilitar ese tránsito permanente en el que nos movemos, en el que nos llevan a todos los seres... esa Creación infinita, cualidad que por pertenecer a ella podemos desarrollar. Y a esa parte individual sí tenemos acceso. 

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